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Fuentes de datos argentinas

Dónde está cada estadística pública del país, qué desagregación tiene, desde cuándo, y con qué trampas se usa.

La parte difícil de trabajar con datos argentinos no es analizarlos: es saber cuál sirve para la pregunta que tenés y qué le pasa a ese dato antes de llegar a tu planilla. Un código que cambió de significado, una categoría que se abrió a mitad de la serie, una unidad que no es la que parece. Eso es lo que estas fichas documentan.

23 fuentes · 99 trampas documentadas

Por qué un catálogo y no una lista de enlaces

Listas de enlaces a portales de datos hay muchas, y sirven de poco. Lo que falta siempre es lo otro: si esa fuente llega al nivel geográfico que necesitás, si la serie empalma de punta a punta, y qué cosas rompen el análisis sin dar ningún aviso.

Cada ficha responde cuatro preguntas: qué tiene, qué preguntas responde, cuáles no —que suele ser lo más útil— y qué trampas tiene.

De dónde sale esto

De usar estas fuentes. Las advertencias no salen de la documentación oficial —que casi nunca las menciona— sino de haber armado las series y haberse chocado con ellas: el total que no cerraba, el departamento que aparecía de la nada, la columna que se volvía texto al consolidar.

Por eso el catálogo crece despacio y solo con fuentes efectivamente trabajadas. Una ficha que repita lo que dice el sitio del organismo no agregaría nada.

Tres patrones que se repiten

Trabajando varias de estas fuentes aparecen los mismos problemas una y otra vez. No son defectos de un organismo en particular: son cómo funciona la publicación de datos públicos en el país.

Los archivos desaparecen de la navegación. Un organismo cambia de dependencia, rediseña su sitio o publica una edición nueva, y el enlace al dato anterior deja de figurar. A veces el archivo sigue en el servidor y a veces no. La consecuencia práctica es directa: cuando encontrás el dato que necesitás, guardalo, con la fecha y la dirección de donde salió. La reproducibilidad de tu trabajo depende de eso y no está garantizada por nadie más.

El nombre del cuadro miente sobre su contenido. Un título que promete dos variables y entrega una, una columna llamada «precio» que es sin impuestos, una unidad que dice metros cúbicos para dos cosas incomparables. La defensa es siempre la misma: validar contra un total conocido antes de construir nada encima. Si el orden de magnitud no cierra, el problema está en la lectura, no en el dato.

La serie cambia de esquema a mitad de camino. Categorías que se abren, encodings que cambian, columnas que se renombran, periodicidad que pasa de anual a trimestral. Casi ninguna serie argentina larga es homogénea de punta a punta, y empalmarla sin declarar los cortes produce tendencias que son artefactos de la publicación.